Leyenda "El Catrín de León"

09:26 Bonito León 0 Comentarios


Aquí en México, en el municipio de León, existe un lugar encantador bajo el cuidado de una iglesia, que en un principio pertenecía a los padres Juaninos: quienes se establecieron con el propósito de evangelizar a los indígenas de el lugar.

Con una hermosa fuente en el centro, rodeado de jardines, flores y bancas que invitan a la melancolía, al romance: en el ahora llamado jardín de los novios o jardín de San Juan de Dios, es tradición entre las parejas, compartir una nieve en las periferias de la iglesia, donde se han establecido muchas cafeterías y neverías.

Nadie imaginaría, rodeados de esta paz y armonía destilando; que en la noche se le temía al parque, incluso una vez que el sol ocultaba su rostro, la gente prefería dar una vuelta extensa para llegar a su destino, antes que atravesar la explanada de la iglesia, en donde según los ancianos de el lugar se aparecía “El Catrín”.

La leyenda de “El Catrín” surge entre la tercera y cuarta década del siglo veinte en el barrio de San Juan de Dios, en León. Catrín, era el término utilizado en esa época para señalar a un hombre vestido de manera muy elegante.

Los ancianos del lugar cuentan que “El Catrín” fue un joven capitalino que cambio su residencia a León, buscando mejor fortuna, ya en la ciudad conoció, en la iglesia de San Juan de Dios, a una joven de la que quedó perdidamente enamorado, en poco tiempo se hicieron novios, la familia de la joven vio con buenos ojos la relación, juzgándolo por sus ropas y apariencia.

La pareja de novios se paseaba por el jardín de la plaza de San Juan de Dios, se les podía ver seguido tomados de la mano. “El Catrín”, a causa de sus negocios, constantemente salía de la ciudad: el tiempo pasaba y con este se hizo celoso, posesivo, inseguro, tal vez por el tiempo separado de su amada. En proporción de celos e inseguridad que “El Catrín” mostraba, la joven se separaba emocionalmente de él; los padres de la joven insistían y presionaban para que ella arreglara sus diferencias con “El Catrín”, por considerarlo un pretendiente conveniente para su futuro.

En poco tiempo las cosas se pasaron de pequeñas discusiones a peleas verbales intensas entre la pareja: conforme las discusiones aumentaban de tono los padres de la novia comenzaron a verse inquietos; por con la actitud cada vez más violenta de “El Catrín”; cambiaron su parecer con respecto a el joven.

El amor que alguna vez sintiera “El Catrín”, se convirtió en una enfermiza obsesión: comenzó a espiarla, su obstinación fue tal: que llegó a agredir a cuanto joven se le acercaba o miraba. Cansada de la situación, la joven quiso terminar con su noviazgo de un golpe, mas “El Catrín” respondió con violencia desmedida, abofeteando y amenazando a la joven con lastimar a ella y a su familia si terminaban.

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Forzada, la joven continuó su relación, por miedo decidió guardar silencio de las amenazas de su enfermo enamorado; sin embargo, los padres de la joven ignorantes de las amenazas, ahora presionaban para que se acabara el noviazgo, ya que había sumergido a su hija en una depresión, miedo e inseguridad terribles.

Mientras la joven no hablara de separaciones “El Catrín” parecía ser el novio perfecto, atento y dedicado a ella, pero bastaba con que ella volteara sus ojos en dirección de otro hombre, para que las cosas se tornaran violentas, tanto para la joven como para el desafortunado que se atravesara en el campo visual de la pobre dama.

La actitud de “El Catrín” mejoró por un tiempo; aún así, la pobre muchacha había acumulado mucho resentimiento en su corazón al verse forzada a continuar con él ya sin quererlo; “El Catrín” creyendo erróneamente que las cosas habían mejorado en su relación, fue con el padre de la joven a pedir su mano en matrimonio, obviamente el padre trataría de persuadir a su hija de negarse.

Al enterarse de la propuesta, la joven se negó rotundamente, el papá apoyó como era de esperarse a su hija: “El Catrín” soltó el llanto de inmediato al verse rechazado y pidió hablar con ella a solas antes de retirarse para siempre, la joven acepto renuente y se encaminaron a una banca del jardín de su casa.

En un principio se escuchaba a los jóvenes discutir; pero en breve las discusión cesó. La madre de la joven inquieta, se asomó para ver si todo estaba bien y alcanzó a ver a la joven recargada en el pecho de “El Catrín”, pensando que la chica había cedido ante la proposición de matrimonio, fue apresurada con su marido para comentarle lo que acababa de ver, el papá desconcertado se encamino hacia el jardín: pudo ver a su hija sola recostada en la banca, con la mirada recorrió rápidamente todo su al rededor sin lograr ver al “El Catrín” que se escabullía a la salida. 

El papá se apresuró al lado de su hija, donde poco antes de llegar vio un charco de sangre que se revolvía con la tierra de el suelo: Hija, le gritó preocupado, pues era obvio que estaba herida, más fue demasiado tarde, la joven quedó tendida en la banca, inerte, sin vida, “El Catrín” había cumplido su amenaza.


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